“La idea principal que inspira este proyecto es que la sencillez
es fuerza. A través del color y el volumen de la textura exploro
distintas variaciones del fenómeno de la fuerza. Flamma significa
resplandor en latín, y la serie recibe el nombre pensando en la pintura
como un resplandor luminoso.” 

—Daniel Pérez Coronel 

 

 

 

Desde el inicio de sus carrera Daniel se ha caracterizado por explorar las distintas expresiones del trazo grave y el color cuya voracidad es visible incluso a través de paletas de color oscuras y sórdidas. En la serie Flamma / Variaciones del Fénix utiliza los neones para hacer visible la fuerza del color como pura presencia de lo vital que no necesita acotarse a formas rebuscadas ya que en sí, su luminosidad muestra la complejidad de todo aquello que vive y se mantiene latente en la memoria. Esas fuerzas inherentes al color, son reveladas por el artista a través de los cuerpos chorreados de pintura que quedan como huella en el lienzo, del acontecimiento genuino que nació entre el escombro, dejando un rastro lumínico como aparentemente lo haría un ave fénix después de haber renacido de las cenizas. Como su nombre lo dice, esta serie evoca esas variaciones que un acontecimiento de renacimiento puede dejar en la memoria de las personas y el mundo, rastros vivos cuya relación instrínseca con la fluroesencia hacen visible que esos acontecimientos no pertenecen al orden de las cosas. **La fluorescencia es un elemento químico que es escaso en la Tierra, pero muy abundante en el universo y está presente en el aire atmosférico. El fenómeno de la fluoresencia sucede cuando cierta sustancia absorbe energía y la almacena para emitirla en forma de luz. Este acontecimiento óptico señala la raíz y pulsión del vórtex, el vacío como un centro de color que irradia y pulsa como el quasar: fuente astronómica de energía electromagnética que se encuentra en el núcleo de galaxias lejanas —alimentados por la acreción de los hoyos negros supermasivos— que producen radiofrecuencias y luz visible equivalente a la de un billón de soles. Fenómeno que puntualmente señala el resplandor que toda fuerza natural y genuina emite.
 

En este sentido, los colores y texturas que encontramos en esta serie, son una suerte de acumulaciones universales que exceden los bordes del lienzo y se expanden por la mirada del espectador. Sus obras son un espectro luminoso que señala la experiencia del vacío como un paisaje que evoca la interioridad de quien la crea y quien la mira, cuidando las tesituras de su topografía propia, pero sin un sentido fijo que genere núcleos simbólicos, sino que evoque el vacío del cual proviene y el vacío del otro hacia el cual va.